miércoles, 14 de noviembre de 2012


LOS PERROS QUE ESCRIBEN
ANÁLISIS DEL LIBRO "HISTORIA: ANÁLISIS DEL PASADO Y PROYECTO SOCIAL" DE JOSEP FONTANA.

II

Antes de proceder a resumir y comentar el libro de Josep Fontana Historia: análisis del pasado y proyecto social es necesario denotar tres aspectos fundamentales de dicha obra. En primer lugar, que la referida obra está estructuralmente conformada por el estudio del pensamiento político –consciente o no- de historiadores específicos manifestado en sus principales obras.
Y se dice historiadores específicos, pues la obra de este historiador español está enfocada en Europa y en su heredera cultural (Estados Unidos), por lo que dicha línea europeocentrista le lleva a referenciar sólo a los escritores que, desde la Grecia clásica han configurado el conocimiento histórico de dicho continente. Él mismo lo confiesa al referirse a la concepción cristiana de la historia afirmando que:
“Conviene insistir en que no se habla aquí de la historia escrita durante la edad media, sino tan sólo de la que corresponde al mundo feudal europeo. No nos referimos ni a la rica literatura histórica del Imperio bizantino, ni a la historiografía realizada en el ámbito cultural islámico, con un concepto más amplio del universo y una visión social más rica. Seguir, como se hace en este libro, el hilo conductor que lleva hasta nuestras concepciones, obliga a prescindir de corrientes y figuras que quedan al margen de esta línea genética, por valiosas que sean”. [1]

Sin embargo, esta característica que se ha resaltado en la obra de Fontana no desmerita en ningún aspecto su relevancia y su lucidez pues es un hecho histórico evidente que la cultura europea se impuso –a sangre y fuego- en casi todo el mundo e influyó decisivamente en el resto.[2] Por lo tanto, es una historia de la historiografía que se impuso al mundo desde los grandes centros de producción intelectual (Europa y Estados Unidos) y que el mundo tomó como propia.
En segundo lugar, Fontana propone una visión histórica del desarrollo de la historiografía como una lucha entre una historiografía conservadora, oficial al sistema imperante, defendida por el status quo, que justificaría el presente presentándolo como la consecuencia lógica de la concatenación de los hechos pasados (movidos por una lógica del progreso); y una historiografía disidente que, partiendo del descontento de los sectores explotados, propone una visión crítica del presente proyectando una visión utópica (entendido este concepto como opcional al sistema) del futuro. Es decir, Fontana hace ver la historia de la historiografía como una lucha entre una visión reaccionaria y legitimadora de la clase y el sistema dominante, y una visión revolucionaria y subversiva de la misma.
En medio de todo esto, se encuentra el hecho de que al tiempo que Fontana procede a la declaración y demostración de la intencionalidad política (velada o no) que han tenido los historiadores en la construcción de sus concepciones del pasado, de explicación del presente y de proyección del futuro; él mismo, de manera más o menos explícita, presenta su propio análisis del pasado y su proyecto social como historiador de una corriente historiográfica específica: el materialismo histórico.
En efecto, Fontana presentará al Materialismo histórico como la interpretación más brillante de la historia hasta ahora realizada, enlazándolo con los pensamientos subversivos más ancestrales –una especie de lucha de clases llevada al terreno de la historia de la historiografía- y haciéndolo heredero del pensamiento de la Revolución francesa.
Sin embargo, este rasgo de la obra de Fontana no es en ningún sentido una acusación de fanatismo dogmático, sino lo opuesto. Fontana reconoce la crisis del  marxismo de su tiempo (1982) dogmatizado y fosilizado por la Academia de Ciencias de la URSS y los masificadores del pensamiento marxista en Occidente (la chilena Martha Harnecker entre ellos), a los que sin embargo, se enfrentaba una pléyade de brillantes científicos sociales como Lukács, Korsch, Gramsci, los historiadores socialistas franceses y los marxistas británicos entre otros, que se habrían encargado de revitalizar y desarrollar la corriente. Al respecto afirma:
 “…Este libro no se ha escrito para exponer un progreso, sino para ayudar a desentrañar una crisis –la de un modelo de crecimiento marxista- (…) El último capítulo de este libro se dedicará, precisamente, a la necesidad de repensar nuestros análisis del pasado para que podamos construir sobre ellos un nuevo proyecto socialista”[3]

Es a partir de la consideración de estos tres aspectos que se puede iniciar un estudio pormenorizado de los planteamientos presentados por Josep Fontana en su Historia: análisis del pasado y proyecto social.


[1] Ibíd. Pág. 31.
[2] Claude Delmas afirma: “En 1770, América pertenecía a Europa. Las tradiciones jurídicas del pacto colonial mantenían el Nuevo Mundo en un estado de sujeción. Medio siglo más tarde, Europa había perdido casi enteramente la posesión del Nuevo Mundo y, por consiguiente, aquello que se configuraba era a semblanza de Europa”; aún así, “En 1914, el europeo que abría un atlas podía observar con altivez la extensión de su dominio territorial: la casi totalidad de África y de Oceanía, la mitad de Asia y un cuarto de América” (Delmas, Claude. Historia de la civilización europea. Barcelona. Colección ¿Qué sé? Editorial OIKOS-TAU. 1964. Págs. 111-121).
[3] Fontana, Josep. Op. Cit. Pág. 246. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario