LOS PERROS QUE ESCRIBEN
ANÁLISIS DEL LIBRO "HISTORIA: ANÁLISIS DEL PASADO Y PROYECTO SOCIAL" DE JOSEP FONTANA.
II
Antes de proceder a resumir y comentar el
libro de Josep Fontana Historia:
análisis del pasado y proyecto social es necesario denotar tres aspectos
fundamentales de dicha obra. En primer lugar, que la referida obra está
estructuralmente conformada por el estudio del pensamiento político –consciente
o no- de historiadores específicos manifestado en sus principales obras.
Y se dice historiadores específicos, pues la
obra de este historiador español está enfocada en Europa y en su heredera
cultural (Estados Unidos), por lo que dicha línea europeocentrista le lleva a
referenciar sólo a los escritores que, desde la Grecia clásica han configurado
el conocimiento histórico de dicho continente. Él mismo lo confiesa al
referirse a la concepción cristiana de la historia afirmando que:
“Conviene insistir
en que no se habla aquí de la historia escrita durante la edad media, sino tan
sólo de la que corresponde al mundo feudal europeo. No nos referimos ni a la
rica literatura histórica del Imperio bizantino, ni a la historiografía
realizada en el ámbito cultural islámico, con un concepto más amplio del
universo y una visión social más rica. Seguir, como se hace en este libro, el
hilo conductor que lleva hasta nuestras
concepciones, obliga a prescindir de corrientes y figuras que quedan al margen
de esta línea genética, por valiosas que sean”. [1]
Sin embargo, esta característica que se ha
resaltado en la obra de Fontana no desmerita en ningún aspecto su relevancia y
su lucidez pues es un hecho histórico evidente que la cultura europea se impuso
–a sangre y fuego- en casi todo el mundo e influyó decisivamente en el resto.[2]
Por lo tanto, es una historia de la historiografía que se impuso al mundo desde
los grandes centros de producción intelectual (Europa y Estados Unidos) y que
el mundo tomó como propia.
En segundo lugar, Fontana propone una visión
histórica del desarrollo de la historiografía como una lucha entre una
historiografía conservadora, oficial
al sistema imperante, defendida por el status
quo, que justificaría el presente presentándolo como la consecuencia lógica
de la concatenación de los hechos pasados (movidos por una lógica del
progreso); y una historiografía disidente que, partiendo del descontento de los
sectores explotados, propone una visión crítica del presente proyectando una
visión utópica (entendido este
concepto como opcional al sistema) del futuro. Es decir, Fontana hace ver la
historia de la historiografía como una lucha entre una visión reaccionaria y
legitimadora de la clase y el sistema dominante, y una visión revolucionaria y
subversiva de la misma.
En medio de todo esto, se encuentra el hecho
de que al tiempo que Fontana procede a la declaración y demostración de la
intencionalidad política (velada o no) que han tenido los historiadores en la
construcción de sus concepciones del pasado, de explicación del presente y de
proyección del futuro; él mismo, de manera más o menos explícita, presenta su
propio análisis del pasado y su proyecto social como historiador de una
corriente historiográfica específica: el materialismo histórico.
En efecto, Fontana presentará al Materialismo
histórico como la interpretación más brillante de la historia hasta ahora
realizada, enlazándolo con los pensamientos subversivos más ancestrales –una
especie de lucha de clases llevada al terreno de la historia de la
historiografía- y haciéndolo heredero del pensamiento de la Revolución
francesa.
Sin embargo, este rasgo de la obra de Fontana
no es en ningún sentido una acusación de fanatismo dogmático, sino lo opuesto.
Fontana reconoce la crisis del marxismo
de su tiempo (1982) dogmatizado y fosilizado por la Academia de Ciencias de la
URSS y los masificadores del pensamiento marxista en Occidente (la chilena
Martha Harnecker entre ellos), a los que sin embargo, se enfrentaba una pléyade
de brillantes científicos sociales como Lukács, Korsch, Gramsci, los
historiadores socialistas franceses y los marxistas británicos entre otros, que
se habrían encargado de revitalizar y desarrollar la corriente. Al respecto
afirma:
“…Este libro no se ha escrito para exponer un
progreso, sino para ayudar a desentrañar una crisis –la de un modelo de
crecimiento marxista- (…) El último capítulo de este libro se dedicará,
precisamente, a la necesidad de repensar nuestros análisis del pasado para que
podamos construir sobre ellos un nuevo proyecto socialista”[3]
Es a partir de la consideración de estos tres
aspectos que se puede iniciar un estudio pormenorizado de los planteamientos
presentados por Josep Fontana en su Historia:
análisis del pasado y proyecto social.
[2]
Claude Delmas afirma: “En
1770, América pertenecía a Europa.
Las tradiciones jurídicas del pacto
colonial mantenían el Nuevo Mundo en un estado de sujeción. Medio siglo más
tarde, Europa había perdido casi enteramente la posesión del Nuevo Mundo y, por
consiguiente, aquello que se configuraba era a semblanza de Europa”; aún así, “En 1914, el europeo que abría un
atlas podía observar con altivez la extensión de su dominio territorial: la
casi totalidad de África y de Oceanía, la mitad de Asia y un cuarto de América”
(Delmas, Claude. Historia de la
civilización europea. Barcelona. Colección ¿Qué sé? Editorial OIKOS-TAU.
1964. Págs. 111-121).
[3]
Fontana, Josep. Op. Cit. Pág. 246.
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